El término latino incrustatio se aplica a una técnica alusiva a la acción que lleva implícita: “incrustar”sobre las paredes. En el mismo vocablo hallamos el qué: crustae. Son placas recortadas, generalmente de mármol, en formas diversas, geométricas o figuradas (vegetales, animales, humanas, etc.), para generar composiciones en paredes y suelos.

Pero ¿de dónde proviene y cuándo se aplica por vez primera? Plinio el Viejo nos da a conocer la identidad del primer romano que decoró su casa con la técnica romana de la incrustatio. En su Historia Natural (Plin. Nat. 36. 37), relata que fue Mamurra, oficial enriquecido en la conquista de la Gallia quien revistió por entero de mármol su casa en el monte Celio, una de las siete colinas de Roma. Ni qué decir tiene que, en estos momentos de la República, esta acción es interpretada como una manifiesta declaración de ostentación, muy criticada en su tiempo.

En realidad no hizo nada que no hubiera visto plasmado en las paredes con otra técnica, la pintura romana del primer estilo. Un contemporáneo de Augusto, Vitruvio, menciona en su Tratado de Arquitectura cómo los antiguos imitaron placas de mármol de variada procedencia, disponiéndolas en modos diversos en sus enlucidos (Vitr. 7. 5.1.). Este primer estilo, también conocido -cómo no- “de incrustación”, imitaba las decoraciones en este material que ya se aplicaban en época helenística. Para muestra un botón, la casa samnita de Herculano.

Herculano. Casa Samnita

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